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Elasticidad como principio
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Los sistemas
de suspensión han evolucionado con el paso del tiempo.
Primero fueron las ballestas, luego los muelles helicoidales
hasta llegar a las barras de torsión. La conveniencia de cada
sistema depende del tipo de vehículos y es un recurso que los
diseñadores utilizan de acuerdo a la funcionalidad que
quieren dar a sus autos. Los muelles helicoidales, conocidos
como “espirales” en el argot popular son los más
utilizados en los automóviles convencionales (turismo).
Aunque todavía quedan modelos que utilizan ballestas como
elemento elástico en la suspensión, un sistema que data de
comienzos del siglo XVI y que ha sido utilizado tanto en
carruajes de caballos como en trenes . Aunque no sólo
ballestas; también se utilizan otros muelles: barras de torsión,
muelles neumáticos –como hace Citroën con su suspensión
hidroneumática- y también tacos de goma elásticos o
combinaciones de varios de estos elementos. Todos ellos se
pueden catalogar como muelles, pues cumplen con la definición
de este elemento: Elemento mecánico con capacidad para
deformarse de forma no permanente al absorber energía elástica
de tal forma que la sustituye después, en mayor o menor
medida, en función de sus características de
amortiguamiento.
Utilización
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En general,
los muelles se clasifican por su comportamiento ante la carga
y la deformación que éste produce. Los de tipo lineal son
aquéllos que se comportan ante cada incremento de carga de la
misma forma, soportando muchos kilogramos o ninguno. Como
muelles duros se conocen aquéllos cuya rigidez aumenta al
irse incrementando la carga. En los blandos es al contrario:
su rigidez disminuye al aumentar la carga.
El muelle helicoidal es sin duda el tipo de muelle más
utilizado en la actualidad. En comparación con las ballestas,
por ejemplo, el muelle helicoidal puede almacenar más del
doble de energía por unidad de volumen de material y posee
además un mínimo rozamiento interno. Sin embargo en su
contra está que necesita un elevado espacio vertical y también
que, a diferencia de las ballestas, no puede utilizarse como
único nexo de unión entre la carrocería y el sistema de
suspensión por la facilidad con la que se comba, característica
que le impide encargarse del guiado de los ejes. Si bien con
las ballestas no se alcanza una precisión absoluta, pueden
utilizarse para este cometido con resultados aceptables.
Los muelles helicoidales están elaborados mediante un hilo
metálico normalmente circular o elíptico, enrollados en
caliente o frío sobre un cilindro. En los lineales, el diámetro
del hilo se conserva constante en todas las espiras del
muelle, en tanto que en los variables, el diámetro del hilo
varía de unas espiras a otras. La solicitación del hilo
cuando un muelle helicoidal trabaja a compresión, se debe a
esfuerzos de torsión, flexión y cortadura del hilo.
La rigidez de estos muelles aumenta con la cuarta potencia del
diámetro del hilo y disminuye con la tercera potencia del
radio de enrollamiento y también al aumentar el número de
espiras. Independientemente de estos factores, el otro factor
que influye sobre la rigidez es el material utilizado.
La elevada rigidez transversal de las ballestas en comparación
con un muelle helicoidal las hace el elemento ideal para
suspender los vehículos de carga o de gran volumen. De
utilizarse los muelles, el pandeo sería incapaz de soportarse
al pasar por un bache o una carretera inclinada ligeramente.
En esas situaciones, los muelles en lugar de comprimirse se
combarían, afectando la estabilidad.
Evolución
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Con el
desarrollo de la tecnología se han conseguido sistemas elásticos
de guiado y de amortiguación más eficaces que las ballestas.
Uno de los problemas fundamentales de las ballestas es su
deficiente aprovechamiento del material. En comparación con
el muelle helicoidal, por ejemplo, almacena menos de la mitad
de la energía por unidad de volumen de material. Es decir, a
igualdad de prestaciones elásticas, las ballestas pesan más
del doble que un muelle helicoidal equivalente.
También con respecto a la rigidez transversal, las ballestas
presentan deficiencias al compararlas con un buen guiado de
suspensión mediante brazos o triángulos articulados. Ello se
debe a que al aumentar la flexibilidad vertical, disminuye
también la rigidez transversal.
Por último, el amortiguamiento interno de la ballesta no
resulta eficiente para los patrones de comodidad que se exigen
en la actualidad. A pesar de la introducción de láminas
entre las hojas o uniones de goma para conseguir un rozamiento
progresivo, las ballestas de varias hojas permanecen
bloqueadas cuando las irregularidades que provocan su oscilación
son pequeñas, causando rebotes poco confortables. Los
actuales amortiguadores hidráulicos, en especial los
laminares, alcanzan unos estándares de comodidad muy alejados
de lo que puede ofrecer una ballesta.
Por lo tanto, la utilización actual de ballestas en los vehículos
de turismo es mínima y, cuando se emplean ballestas, están
confinadas únicamente a fines elásticos, ya que los
cometidos de guiado y amortiguación se confían a otros
elementos específicos para ese uso.
Para aprovechar de igual modo todo el material empleado en la
construcción de una ballesta, ésta debería tener forma de
rombo; sin embargo, está claro que la utilización de una
ballesta en forma de rombo acarrearía excesivos problemas de
colocación en los vehículos. Para solucionar este
inconveniente se emplean las ballestas de láminas cuyo
mecanismo es recortar longitudinalmente el rombo en diferentes
tiras e ir poniendo unas encima de otras. Pero como hemos
visto, la utilización de ballestas de hoja provoca fuerzas de
rozamiento indeseables, por lo que se buscan otras
alternativas.
Si se utiliza una ballesta de una hoja de anchura y grosor
constantes, la demanda es mayor en las cercanías de los
puntos donde se aplican las fuerzas que en otras zonas de la
ballesta, por lo que no se aprovecha toda la capacidad elástica
del material, o lo que es lo mismo, se utiliza excesivo peso
para conseguir el objetivo marcado. Para solucionar dicho
inconveniente, las ballestas de una hoja son más anchas y
gruesas por algunos lugares, de tal forma que se reparten los
esfuerzos equitativamente por todo el material.
Barra de torsión
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El último de
los tipos de muelles metálicos utilizados en automoción es
la barra de torsión, que si bien no se utiliza con
regularidad como el muelle helicoidal, si se usa
secundariamente como barra estabilizadora.
El método de aplicación de éstos últimos consiste en fijar
un extremo de la barra rígidamente a un punto de la carrocería
y el otro, por ejemplo, a los triángulos de suspensión. Si
el triángulo va posicionado en forma transversal, la barra irá
situada longitudinalmente, de tal forma que cada vez que el
triángulo gire, cuando se hunde la rueda por efecto de un
bache, por ejemplo, la barra se retorcerá, almacenando energía
que devolverá cuando recupere su posición original. Por
supuesto, dependiendo de los sistemas de suspensión las
barras de torsión trabajan colocadas de una forma u otra,
pero su principio de funcionamiento resulta siempre idéntico.
Muchas son las ventajas de la barra de torsión con respecto a
los muelles helicoidales. En primer lugar su mejor
aprovechamiento del material, atribuido a la mayor actividad
elástica de las zonas de la barra situada en las cercanías
de los puntos de anclaje, en comparación con las espiras de
los extremos de los muelles. En esas zonas de anclaje donde la
tensión del material es máxima, la barra se mecaniza en
forma cuadrada o hexagonal para sujetarla a su fijación. Y
para soportar la elevada tensión de esos puntos, el diámetro
de las barras suele ser creciente hacia sus extremos.
La tensión de las barras es menor cuanto mayor sea su
longitud. Así, situadas transversalmente, suelen ocupar toda
la anchura del vehículo. Generalmente, las barras de torsión
están consideradas más manejables que los muelles en el diseño
de una suspensión, ya que resultan más ligeras que éstos y
se acomodan con relativa facilidad en la zona inferior del
piso de los autos. Por otro lado, por su longitud pueden
transmitir las cargas hasta partes de la estructura donde
resulte más adecuado absorberlas.
Otra ventaja de las barras de torsión es que contribuyen
notablemente a la reducción de masa no suspendida, tanto en
comparación con los muelles como las ballestas. De este
hecho, el principal beneficiado es el comportamiento.
El motivo por el que la utilización de las barras de torsión
no está más extendida, a pesar de sus ventajas, es el coste
de fabricación así como el de montaje, sensiblemente
superior al de los muelles helicoidales.
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Fuente: www.autozulia.com/María
A. Uzcátegui
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