Cosas Sueltas
 
 

 

Cosas Sueltas, peligro latente.

Hablamos de los elementos, personas y animales que viajan sueltos dentro de un automóvil

Comencemos por un concepto físico: la inercia. La inercia es la propiedad general de los cuerpos que dicen que estos no pueden salir de su estado de reposo o movimiento, sin que intervenga un agente exterior llamado fuerza.

Es decir que un objeto como un equipo de sonido apoyado en la bandeja de la luneta de un automóvil, viaja a la misma velocidad que éste.

Si ese equipo pesara 2 kg y el automóvil viajara a 56 km/h (velocidad utilizada en los ensayos de test-crash según normas internacionales), en caso de chocar ese vehículo contra un árbol, terraplén, columna de puente, etc., pasaría de 56 km/h a 0 km/h en dos centésimas de segundos, el equipo de música trataría de seguir la marcha a 56 km/h hasta que algo lo frenara...Dios no quiera que fuera una persona, ya que utilizando la fórmula de inercia o energía cinética pasaría a tener un peso de ¡60 kg!.

Este concepto, tal vez explicado muy técnicamente, es el que en accidentología se conoce como golpe secundario: generalmente no es el golpe del vehículo a los ocupantes el que produce consecuencias graves, sino el de éstos contra el vehículo.

Esta el la razón por la cual es necesario sujetar todo lo que esté dentro del habitáculo por más liviano que el elemento pueda parecer. Hemos comprobado como se multiplica su peso con la velocidad.

Pero como se dijo al principio, no solo los objetos deben estar sujetos. Una persona de 80 kg ubicada en el asiento trasero, chocando a 56 km/h pasa a pesar ¡¡2400 kg!!

En un choque violento, puede literalmente aplastar al conductor o pasajero del asiento de adelante, contra el cinturón de seguridad. Inclusive los perros sueltos pueden ser peligrosos, sobre todo los más grandes.

Pero, además de la inercia existe otra razón para no llevar cosas sueltas dentro de un automóvil en viaje: la posibilidad de que alguno de esos elementos (juguete, botella de agua, lata de gaseosa, etc.) se coloque por sí sola bajo los pedales de embrague, freno y/o acelerador. ¿Lo cree improbable?

Le cuento una anécdota personal: conduciendo un Peugeot 404 en el año 1968, sobre el camino, se soltó el extinguidor que llevaba (yo creía bien sujeto) debajo del asiento y se instaló bajo el pedal de freno.

No podía frenar y venía en bajada. Debía quitarlo. Lo hice, pero...bastó el segundo que bajé la vista del camino, para no poder esquivar una piedra que torció a 90° una barra de dirección originalmente recta.

Luego de 6 horas de trabajo, ayudado por la existencia providencial de un yunque y la correspondiente maza, pude seguir viaje a la capital.

Como se desprende de este relato, basta la distracción producida por un elemento suelto para producir un accidente.

Fuente: Inforautos.com

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