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Los motores actuales son
poco exigentes en materia de mantenimiento; el cambio de aceite ha
pasado de los 6/8 mil km a los 10/12 mil, y de ahí ya a los 15 mil,
llegando incluso en algunos casos a los 20 mil. Y con el del filtro de
aire, ya hay fabricantes que ofrecen una duración del doble de el del
aceite, para unificar los plazos de recambio, lo que significa moverse
entre los 25 y 40 mil km. Ambos tipos de filtros trabajan bajo el mismo
principio.
Aire: El tamaño sí
importa
Para alargar su duración,
una solución podría ser la de aumentar su tamaño para dar cabida a
una mayor superficie filtrante; pero esa es precisamente la que no
desean los constructores de vehículos, que buscan ante todo el menor
tamaño posible para colocar el motor en los vanos más pequeños y
compactos. Así, vemos cómo el filtro de aire ha ido disminuyendo de
tamaño (sin perder superficie filtrante) en los últimos años,
disminución no muy complicada al ser el tipo de filtro más simple: su
papel poroso filtrante no necesita soportar las temperaturas del aceite
ni los hidrocarburos disolventes del combustible. Por eso, con aumentar
la superficie en profundidad se puede lograr incrementarla sin crecer de
tamaño.
Hoy día la calidad del
papel filtrante es ya muy alta, así como su tratamiento (impregnaciones
para que retengan mejor el polvo y aguanten la humedad), por lo que las
mayores diferencias estriban en su precisión de fabricación, con
plegados totalmente simétricos del papel que faciliten una admisión
estable tanto en ambiente seco como húmedo y posean un bajo nivel de
higroscopia (absorción de humedad).
Claro está que a pesar de que los plazos de sustitución se estiren, éstos
dependen de sus condiciones, época y lugar de uso. Aún así, y con las
superficies filtrantes medias actuales (entre 1,4 y 3 m2 en filtros para
motores de turismos, y hasta 5 m2 y más en los de camiones y vehículos
industriales), las duraciones se han alargado bastante, llegando todos
en condiciones normales a los 20 mil km. Pero, ojo, normales. Porque en
un motor turbodiesel funcionando siempre por caminos de tierra,
aspirando el polvo que levantan los demás (muy frecuente en los todo
terreno), en esas condiciones el mejor filtro de aire se colmata en 5
mil km.
Aceite: más exigencia
En los filtros de aceite es donde los
imperativos ecológicos están imponiendo una mayor duración, apoyada
también en la mayor calidad y duración de los modernos lubricantes de
base sintética. Esta exigencia, junto con la de su menor tamaño, está
obligando a los fabricantes a realizar filtros de gran rendimiento,
aunque todo tiene su límite. Porque se les pide soportar presiones de
hasta 6 bares (y a veces más), no perder ni rezumar por la junta, y
aguantar temperaturas de hasta 150 y 160 grados en casos extremos sin
que el papel se disuelva… Un papel plisado en diversas formas
(hexagonal, corrugado, en V y W (el doble "chevron" de
Purflux) pero que sigue siendo papel poroso tratado con resinas y
fenoles, aunque sea multicapa, lleve juntas poliacrílicas en sus
uniones y haga maravillas en su misión filtrante.
Otra moda ecológica es la de alojar el filtro de aceite en un soporte
especial fijo del motor, prescindiendo de su carcasa metálica
desechable a la hora de su sustitución, que sólo es del cartucho de
papel filtrante. Así no se tira a la basura el cuarto litro de aceite
sucio que aproximadamente se queda en su interior, y se reducen los
desechos sólidos formados por las carcasas (hasta siete veces menos).
Ya hay varias marcas (Mann, Purflux, Lucas, etc) con filtros de este
tipo, aunque su extensión depende de si se extiende este tipo de filtro
en los nuevos automóviles (volviendo así al primitivo sistema de los
filtros de aceite de hace 40 años).
Otra alternativa es dotar a los filtros convencionales de válvulas de
vaciado, bien para que el aceite de su interior se quede dentro del
motor a la hora de cambiarlo, bien para que se pueda verter aparte, una
vez desmontado. Aunque si se extiende la tendencia a filtros más pequeños
(de los de 86 cm de diámetro se ha pasado a los de 76, y ahora a los de
66 mm, introducidos por los japoneses y ya empleados también por los
constructores europeos), el aceite residual del filtro desechado es cada
vez menor (del orden de los 100 cc).
La regla tradicional aconsejaba cambiar el filtro cada dos cambios de
aceite, práctica correcta si se cambia un aceite mineral normal cada
6/8 mil km. Pero con un aceite sintético podemos estirar el cambio
hasta los 12/15 mil km, (y hasta los 20 mil km) como admiten los mejores
sintéticos actuales) y en ese caso se impone cambiar el filtro cada vez
que se haga lo propio con el lubricante, ya que no hay filtro de aceite,
por bueno que sea, que aguante más de 20 mil km sin colmatarse.
Aunque en el futuro, y si el filtro de aceite recargable se impone, lo
que está todavía por ver, lo lógico sería aprovechar su soporte fijo
para agrupar en él diversas funciones (intercambiador de calor
agua/aceite, toma de manocontactos, etc) añadiendo un indicador de
colmatación que nos avise cuando el filtro está ya sucio y hay que
cambiarlo (no sería muy difícil, a base de un testigo del mismo tipo
que montan las aspiradoras domésticas, en función de la contrapresión
ofrecida). Algo casi imprescindible si se extiende otra tendencia, la de
integrar el filtro de aceite no ya en una carcasa permanente fija al
motor, sino en el mismo bloque de éste, en un alojamiento especialmente
mecanizado. Algo que encarecería sensiblemente la fundición del mismo,
por lo que no es fácil que prospere.
Los "otros filtros"
Los filtros de gasóleo mantienen una
tecnología más cercana a los de aceite, aunque su evolución apunta
hacia unidades compactas multifunción, que incorporan el bombín de
cebado, depósitos de agua filtrada y sensores de la misma en el gasóleo,
recalentadores para evitar los cristales de parafina del gasoil en
tiempo frío, etc. No hay que olvidar que el motor diesel es más
exigente en el filtrado de combustible que el de gasolina, ya que las
partículas, azufre y parafinas, y sobre todo el agua en suspensión en
el gasóleo perjudican las toberas de los inyectores y la propia bomba,
que se lubrica a través del gasóleo.
Por eso si en un motor de gasolina podemos estirar el cambio del filtro
de combustible a los 60 o 70 mil km, en un diesel hay que hacerlo
normalmente cada 20 mil kms, aunque en algunos motores está más
dimensionado que en otros (pudiendo llegar a los 30 o 35 mil). Aquí y
en función de la complejidad de sus conexiones y conductos, hay casos
en que hay que atenerse al filtro original del constructor (o al que
comercializan sus proveedores en el mercado libre), como está
sucediendo con los filtros de gasóleo de los motores TDi del grupo VAG,
donde cuando uno se sale del original (suministrado por Bosch y Mann) es
fácil que surjan complicaciones (pérdida de rendimiento).
Pero hay un filtro desconocido hasta hace pocos años en los automóviles
y que, gracias a la generalización de los sistemas de aire
acondicionado, ha ido tomando carta de naturaleza, hasta extenderse hoy
de forma universal incluso a los coches no climatizados. Nos referimos a
los filtros de habitáculo destinados a retener polvo y polen del aire
ambiente que respiran los ocupantes del vehículo, una aplicación que
ya ha pasado a ser una función independiente del propio aire
acondicionado. Los filtros de habitáculo son muy distintos a los demás,
y deben satisfacer exigencias muy diferentes, lo cual fue ya objeto de
otro artículo hace pocos meses en nuestras páginas.
En resumen, los filtros siguen siendo unos precintos esenciales de la
limpieza del motor, tanto más importantes en su función cuanto más
larga la han hecho, con la tendencia general en el futuro hacia nuevos
sistemas de fijación (aceite) y nuevos materiales (carcasas de plástico
en lugar de chapa o aluminio) que faciliten un reciclado más ecológico.
Fuente: www.univision.com
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