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Un tubo de
escape dañado o demasiado viejo puede dar lugar a una
emisión excesiva de ruido, a que puedan entrar en el
habitáculo gases tóxicos o a que se contamine de forma
sensible el ambiente, todo ello sin menospreciar un
posible aumento del consumo de combustible, una menor
capacidad de aceleración y una reducción de
prestaciones del motor del vehículo.
Además, si se desprende una parte del sistema de escape
durante la marcha, se está generando un grave peligro.
El conductor del automóvil que ha perdido esa pieza
estará en peligro si se decide a parar para recogerla y
retirarla de la calzada, mientras que el resto de los
usuarios de la calzada también lo estarán al desviarse
bruscamente para evitar la colisión con esa pieza.
También existe el peligro si se pasa por encima de
dicha pieza, en cuyo caso podría producirse un pinchazo
en alguno de los neumáticos.
Prevenir el deterioro
excesivo
Para un conductor es muy fácil darse cuenta de
que bajo su auto cuelga un tubo de escape que está roto
o que el vehículo emite humos densos y asfixiantes,
pero hay otros muchos problemas del escape que no
resultan tan obvios. Por ejemplo, cuando un catalizador
no funciona debidamente, se emiten a la atmósfera toda
una serie de productos peligrosos e invisibles.
Para evitar estos problemas, se aconseja una rápida y
nada costosa revisión en el taller que puede revelar si
existe alguna anomalía.
Los tubos de escape fallan principalmente por efecto de
la corrosión o por roturas.
La corrosión interna se debe a la condensación de los
gases de escape cuando el motor del vehículo se para y
se enfría. El problema es característico de los
recorridos cortos en que el vehículo no tiene el tiempo
suficiente para calentarse y expulsar los gases ácidos
y condensados que se generan en la combustión.
La corrosión externa se produce en climas húmedos. En
algunos países, en condiciones extremas de humedad o en
la época invernal, la corrosión externa es la causa más
común de daños en el escape.
Causas de la rotura del
tubo de escape
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Las piezas
del escape se pueden romper cuando el vehículo circula
por un camino en malas condiciones, si los componentes
del escape no se han montado correctamente -lo que les
somete a mucho desgaste- o si el motor del vehículo
vibra en exceso, lo que también somete al escape a gran
tensión.
Otro
problema común es que muchos automovilistas que
sustituyen el silenciador no reemplazan también los
elementos de montaje. El catalizador puede literalmente
derretirse si entra en contacto con combustible no
quemado, algo que ocasionalmente puede ocurrir cuando el
vehículo rueda en punto muerto sin el motor en marcha,
o se arranca un vehículo a empujones o remolcándolo.
Además, el sensor lambda, el dispositivo que controla
la mezcla de aire y combustible, puede fallar, causando
un mal funcionamiento del catalizador y, por
consiguiente, del motor.
Los componentes rotos o desgastados de un escape pueden
llegar a constituir un peligro real, pero es fácil
evitarlo si los conductores se preocupan por revisar
periódicamente el sistema de escape. Si, al mismo
tiempo también se reemplazan los elementos de montaje
la protección contra daños futuros será mayor.
El nuevo sistema de escape debe montarse completo, de
arriba abajo, desde el motor al final del tubo, para
evitar tensiones y fracturas.
Una vez colocado el nuevo sistema, una serie de
precauciones elementales como evitar arrancar un auto a
empujones o tirando de él, o circular con el motor
parado y en punto muerto contribuirán a mantener el
escape del automóvil en buenas condiciones.
María
A. Uzcátegui
Fuente:
www.autozulia.com