Catalizadores:
un elemento insustituible
Las
normas europeas anti-contaminación, tanto ruidosas como de elementos
polucionantes, han convertido al sistema de escape en uno de los
elementos estrella del automóvil. Dentro del sistema de escape, el
catalizador ocupa la punta de la pirámide, debido a su mayor
complejidad y precio. Sin embargo, es un elemento bastante desconocido
por el usuario, cuyo mantenimiento implica otros órganos del vehículo,
que requiere de una serie de operaciones esenciales para su correcto
funcionamiento; operaciones que pueden suponer una oportunidad de
negocio para talleres y servicios de neumáticos.
Desde hace
unos cuantos años, el catalizador se ha convertido en una pieza
indispensable en el vehículo. Actualmente, la desaparición de la
gasolina con plomo y la creciente incorporación de motores diesel con
inyección regulada electrónicamente, que también requieren del
concurso de este componente, han convertido al catalizador en un
elemento obligatorio en cualquier automóvil.
Igualmente,
las cada vez más restrictivas y exigentes normativas europeas sobre
ruidos y emisiones polucionantes obligan a los automovilistas a no
perder de vista sus sistemas de escape, lo que genera un tráfico
intenso hacia los talleres y una oportunidad de negocio para los
mismos.
Sin embargo,
el catalizador es un elemento bastante desconocido por parte del
usuario, que no llega a comprender la fragilidad del mismo y la
necesidad de un correcto mantenimiento que dilate en el tiempo su
sustitución, en general bastante onerosa.
Tipos
de catalizadores
Los
convertidores catalíticos pueden ser de varios tipos, según el
sistema de funcionamiento. Básicamente existen tres: oxidante, de dos
vías y de tres vías.
El catalizador oxidante es el más sencillo. Dispone de un sólo
monolito cerámico que permite la oxidación del monóxido de carbono
y de los hidrocarburos.
El
catalizador de dos vías, llamado también de doble cuerpo, es en
realidad un doble catalizador de oxidación con toma intermedia de
aire. El primer cuerpo actúa sobre los gases ricos del escape
reduciendo los NOx, mientras que el segundo lo hace ya con los gases
empobrecidos gracias a la toma intermedia de aire, reduciendo el monóxido
de carbono y los hidrocarburos.
El
catalizador de tres vías es el más complejo y evolucionado. Elimina
los tres polucionantes principales, es decir, monóxido de carbono,
hidrocarburos y oxido de nitrógeno (CO, HC y NOx), produciendose las
reacciones de oxidación y reducción simultáneamente. Su mayor
eficacia depende de forma importante de la mezcla de los gases en la
admisión. La mezcla se debe mantener muy próxima a un valor
estequiométrico que se considera óptimo para l=1. Por ello, se
emplea un dispositivo electrónico de control y medida permanente de
la cantidad de oxígeno en los gases de escape, mediante la llamada
sonda lambda, que efectúa correcciones constantes sobre la mezcla
inicial de aire y combustible según el valor de la concentración de
oxigeno medida en el escape.
Partes
de un catalizador
Exteriormente,
el catalizador es un recipiente de acero inoxidable, frecuentemente
provisto de una carcasa-pantalla metálica antitérmica, que protege
los bajos de las altas temperaturas alcanzadas.
En su
interior, contiene un soporte cerámico o monolito, de forma oval o
cilíndrica, con una estructura de multiples celdillas en forma de
panal, con una densidad aproximada de unas 450 celdillas por pulgada
cuadrada.
La superficie
de este monolito se encuentra impregnada con una resina que contiene
elementos nobles metálicos, tales como Platino (Pt) y Paladio (Pd),
que permiten la función de oxidación, más Rodio (Rh), que
interviene en la reducción. Estos metales actúan como catalizadores,
es decir, transforman los gases de escape.
Causas
de avería
La
vida media de un catalizador es de aproximadamente 80.000 kilómetros.
Para obtener el máximo aprovechamiento y eficacia, hay que evitar una
serie de procedimientos que pueden conducir a la avería del
catalizador.
Una de las
causas más frecuentes de avería en el catalizador, y una de las más
graves, reside en los fallos de puesta a punto del motor y del
encendido, provocados por una falta de mantenimiento.
Los fallos en
el encendido o una inadecuada regulación de la mezcla de admisión
pueden provocar que llegue combustible sin quemar al catalizador. Al
encontrarse a una gran temperatura, puede llegar a producirse una
combustión no deseada de la gasolina, provocando que el monolito se
funda.
Esta fusión
puede ocasionar un taponamiento del tubo de escape, que se acusaría
por una repentina pérdida de potencia del motor, además de que es
posible una rotura de la cerámica. Un exceso de carbonilla debida a
una mezcla excesivamente rica podría provocar, igualmente, una
obstrucción del monolito al taponarse sus estrechos canales.
Otra causa de avería se produce cuando no se comprueba con frecuencia
el consumo de aceite, que si es excesivo puede ocasionar también una
obstrucción del monolito, al generarse un exceso de partículas en el
motor. Igualmente, si se agota en exceso el nivel de combustible,
puede producirse un suministro irregular, que provoque un envío
irregular al catalizador.
Otra práctica
que puede generar avería en el catalizador es el tradicional intento
de arrancar el motor empujando el vehículo, o insistiendo en exceso
sobre el contacto. Esta práctica genera que pueda llegar también
combustible sin quemar al monolito pudiéndose, igualmente, fundir por
combustión. Asimismo, un golpe en los bajos del vehículo puede
provocar la rotura del monolito cerámico, ya que está realizado en
un material muy duro, pero muy frágil.
Por último,
una de las causas más frecuentes, pero que tiende a desaparecer, es
la utilización de gasolina con plomo, que afortunadamente ya ha
desaparecido. La presencia de plomo en el catalizador neutraliza los
metales activos que contiene (platino, radio y paladio).
Indicadores
de avería
Cuando se
produce una avería en el catalizador, hay algunos indicadores que
pueden avisar del deterioro del mismo.
El primero de
ellos es la pérdida acusada de potencia a altas revoluciones y una
pobre aceleración, debido a las posibles obstrucciones o fusiones en
el catalizador. Otro indicador son los ruidos extraños en el tubo de
escape y el funcionamiento anómalo del motor, que nos avisa de la
posible rotura del monolito cerámico debido a algún golpe.
Evidentemente, hay que determinar cuales fueron las causas del
deterioro del catalizador antes de su sustitución, ya que si no son
corregidas, puede volver a producirse el mismo problema.
La forma de
comprobación de un catalizador es mediante el analizador de gases,
que permite medir convenientemente las concentraciones de elementos
polucionantes emitidas por el escape, que deben ser contrastadas con
las recomendadas por el fabricante del vehículo.