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Muchos piensan erradamente que el
sistema de escape es una cloaca donde llegan gases que se
desechan. Este importante sistema tiene su función específica.
Hacer cambios inapropiados puede acarrear problemas.
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A la hora de
introducir cambios en los autos para aumentar el caballaje de
la unidad, uno de los elementos a considerar, seriamente en la
transformación, es el sistema de escape. Lamentablemente, en
este proceso, muchas personas incluyen este sistema pero lo
hacen de manera inadecuada, causando problemas en su
funcionamiento o generando contaminación medioambiental.
Viendo desde abajo la parte delantera del auto, la primera
pieza que se encuentra en un escape se llama
“catalizador”, elemento delicado que jamás se debe
eliminar. Que un catalizador se dañe, rápidamente, es difícil
porque, salvo algún golpe, si se usa el combustible y se
mantiene un nivel de aceite adecuado, su duración está en el
orden de los 80.000 a 100.000 Km, a veces más.
El catalizador se ocupa de transformar los gases del motor,
con componentes tóxicos, en gases compatibles con la atmósfera.
Debido a los estragos que causan los combustibles adulterados,
existe una falsa creencia de que esta pieza hay que sacarla
porque se “tapa” y porque, aún estando en buenas
condiciones, si se elimina, el auto rueda más rápido. Práctica,
totalmente, errada.
Medición de gases
Arriba del catalizador está ubicado un componente llamado
“Sonda Lambda”. Este analiza los gases de escape a la
salida del motor y le informa a la computadora cómo están
compuestos. Sobre la base de esa composición de gases, la
computadora toma decisiones y ajusta la cantidad de
combustible inyectado, tratando de que se mantengan en la
proporción óptima (14,6 a 1), ya que esa es la proporción
de aire y combustible que permite al catalizador eliminar la
mayor cantidad de componentes tóxicos.
Existe una computadora dentro del auto, con un sensor que mide
los gases de escape y ajusta, permanentemente, la composición
de la mezcla para que esos gases tengan una determinada
composición que les permita ser procesados por el
catalizador. Sin embargo, mucha gente, por ignorancia o por
alguna otra razón, decide eliminarlo.
La recomendación es dejar el escape como lo diseñó su
fabricante que, seguramente, sabe mucho del tema. No acepte
tampoco los conocidos “escapes deportivos”, a menos que
vaya a hacer un auto de carrera. Pero si es un auto de calle,
no lo instale, porque altera toda la configuración del
sistema de escape.
El resonador
Siguiendo por el tubo de escape llegamos “al primer
silenciador”. Esto no es en realidad un silenciador sino un
“resonador”. La diferencia entre uno y otro sería que un
sistema de escape se comporta, en muchos aspectos, como un
instrumento musical. El resonador es el que controla las ondas
de presión que van y vienen dentro del tubo de escape
permitiendo que tengan las características óptimas para el
funcionamiento de ese motor.
Si se cambiara de posición este resonador, se estaría
alterando la sintonía del sistema de escape. Este no puede
estar en otra posición, ya que trabaja como una cámara de
expansión: los gases llegan allí y se expanden,
violentamente, por lo cual, interrumpen y reflejan las ondas
que llegan hasta él. El reso-nador no puede ser cambiado, ni
en forma, ni en posición, porque alteraría el comportamiento
del vehículo.
El silenciador
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Siguiendo por
el escape llegamos a un recipiente, el “silenciador”.
Este, como su nombre lo indica, reduce los ruidos que provoca
el motor en funcionamiento. ¿Cómo es ésto? El gas del motor
no sale en forma de soplido continuo, sino en forma de pulsos
que tratan de expandirse a velocidades superiores a la del
sonido, generando el característico ruido de un “escape
libre” típico de un motor de competición. El ruido que
genera un motor sin escape no es el ruido de las explosiones
como mucha gente cree, sino el ruido de una onda de choques:
un gas que viene a una velocidad mayor de los 330 metros/seg,
encuentra la atmósfera, se expande y genera ese estampido.
¿Cómo lo silenciamos? A través de esta cámara expansora,
le bajamos la velocidad y a través de este silenciador le
ofrecemos un laberinto, para bajarle de nuevo la velocidad y
que en lugar de propagarse en forma de ruidosos pulsos, se
transforme en un soplido, ¿A qué velocidad? Velocidad
inferior a la del sonido, bastante inferior, y se transforma
en un simple soplido que no molesta a nadie.
Todos tenemos el concepto de que el sistema de escape es una
suerte de “cloaca mecánica” donde van los gases de
desecho del motor. No es así, Hoy en día es una pieza que
requiere un diseño muy estudiado y a la que no es conveniente
hacer modificaciones.
Fuente: María
A. Uzcátegui/www.autozulia.com
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