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Durante las épocas
calurosas o cuando se viaja a través de montañas muy altas a
baja velocidad, podemos encontrarnos con la inesperada
sorpresa de que se produzca un súbito aumento de la
temperatura del motor, hasta el punto de que resulte
ineludible detener la marcha.
Si se le presentara esa contingencia, es recomendable que no
espere jamás hasta que el motor recaliente hasta la
temperatura máxima. Si observa que la aguja de la temperatura
sube peligrosamente y aún queda camino que escalar, es
preferible estacionarse por un momento hasta que el motor enfríe,
antes de continuar la marcha.
Con el motor parado, evidentemente, el refrigerante no circula
y en los puntos de máximo calor el líquido podría llegar a
hervir, con lo que en ese punto no refrigeraría nada. Otros
puntos en contacto con el agua, aunque sea por convicción,
podrían enfriarse antes y provocar grandes diferencias de
temperaturas entre zonas cercanas que conllevarían a fallas o
alteraciones que resultan muy costosos de reparar.
Tampoco se debe abrir el circuito de refrigeración cuando el
líquido esté caliente, ya que se encuentra a presión y sale
disparado. La solución es poner la calefacción a tope cuando
se calienta el motor. Poco importa si el calentamiento se ha
producido porque el circuito de refrigeración está
obstruido, porque no funciona el electroventilador o porque el
nivel de refrigerante es bajo. Lo que hay que hacer es poner
la calefacción. Lo que conseguimos con esa operación es
introducir en el circuito una considerable cantidad de agua
fresca que provoca un rápido descenso de la temperatura, pero
además se aumenta el volumen del líquido refrigerante y se
pone a disposición del circuito un punto suplementario de
evacuación del calor: el radiador de la calefacción.
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Para limpiar el
sistema de refrigeración debemos:
1) Vaciar el circuito: El libro de mantenimiento suele indicar
dónde se encuentran los grifos del sistema de refrigeración,
pero hay algunos carros que no llevan y otros en los que
abrirlos supone exponerse a romperlo a causa del óxido. En
caso de encontrar mucha resistencia, es mejor soltar el
manguito inferior que une el bloque del motor y el radiador
para vaciar el refrigerante.
2) Introducir el agua en el radiador desde abajo: Conectando
una manguera con el manguito inferior de entrada al radiador o
directamente a la boca inferior, hay
que meter agua hasta que salga por el tapón de arriba del
radiador; para ello, el tapón debe estar abierto. Mantener así
un buen rato, pero sin introducir agua con excesiva presión.
Una posibilidad es crear burbujas con una pistola de aire, a
presión moderada, para remover el agua.
3) Introducir agua en el radiador desde arriba: Una vez que se
ha removido la suciedad interna del radiador, debe limpiarse
metiendo el agua por el tapón superior, dejándola fluir por
la boca inferior. Echar toda el agua necesaria hasta comprobar
que la que sale por la parte inferior se encuentra limpia. Si
se dispone de la pistola de aire, se puede repetir la operación
de meter aire cuando el radiador esté lleno.
4) Limpiar el bloque del motor: La misma operación que se ha
realizado con el radiador se puede hacer con el motor. Sin
embargo, los conductos del bloque son de mayor diámetro que
los del radiador y no requieren tanto esfuerzo. Con introducir
agua a través del manguito superior es suficiente. Es posible
que el termostato impida el paso del agua, por lo que habrá
que desmontarlo.
5) Rellenar el circuito con anticongelante: La limpieza del
circuito de refrigeración se puede realizar también con los
productos que se venden a tal efecto. En ese caso basta con
seguir las instrucciones. Finalmente, se debe llenar el
circuito con un buen anticongelante, preferiblemente, de los
que no lleven en el envase el pictograma de toxicidad, los
cuales son menos nocivos para la naturaleza y el ser humano.
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6) Comprobar
posibles fugas: Existen comprobadores de fugas de los
circuitos de refrigeración. Con ellos se determina la
estanqueidad porque la presión insuflada se mantiene
constante, pero con una inspección minuciosa también puede
encontrarse una pequeña fuga, tanto en el bloque como en el
radiador. El óxido podría tapar los poros que queden
abiertos por la limpieza. En ese caso, debe utilizar cualquier
producto tapagoteras.
Es probable que se pueda seguir la marcha con la calefacción
puesta y el ventilador de la calefacción a su velocidad máxima,
pero en pleno verano no puede resultar insoportable. Lo que
hay que hacer en ese caso es detenerse en una estación de
servicio con abundante agua a disposición y con productos
limpiadores del circuito de refrigeración. Incluso puede ser
que el termostato se haya atascado por un exceso de óxido,
aunque en ese caso, el calentamiento suele producirse pocos
minutos después de poner el motor en marcha, ya que el
termostato no llega a abrir.
También es imprescindible limpiar la parte externa del
radiador. El contacto directo del metal con el aire permite
evacuar el calor de forma adecuada a las necesidades de cada
auto. Pero si sobre el radiador se ha formado una capa de
barro, de hierbas o de suciedad, estos materiales actúan como
aislante y dificultan una rápida transmisión del calor hasta
la atmósfera. Es difícil que la suciedad exterior sea la única
causante de un recalentamiento del motor, pero sí puede
ayudar a que se produzca.
Si se trata de una situación de emergencia, antes de proceder
a la limpieza del circuito de refrigeración, se debe
comprobar que la culpa del calentamiento no se debe al
termostato o al ventilador. Si es culpa del ventilador la avería
se detecta con facilidad, ya que con el motor caliente debería
estar funcionando. Si en esa circunstancia el
electroventilador está parado, ya sabemos dónde actuar.
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Pero la realidad
es que con un circuito perfectamente limpio y con buen caudal
de agua, podría ser que incluso con el electroventilador
parado pudiéramos seguir la marcha, ya que el poder
refrigerante del líquido actuaría con plenitud. Por ello,
bien a causa de una emergencia o bien como prevención es
necesario limpiar el circuito de refrigeración cuando se
encuentre sucio. Una de las formas de evitar la suciedad es
utilizar líquido refrigerante de buena calidad. Por ello, una
vez limpio el circuito bastará con utilizar un buen
anticongelante con poder antioxidante, aunque donde vivamos
nunca hiele. Así se evita tener que volver a limpiar el
circuito de refrigeración.
Fuente:
www.autozulia.com